|
"El Cabrerismo" es una tendencia poco explotada todavía en este fútbol caníbal que nos reina.
Ramón Cabrero se despidió del banco de Lanús, lugar que lo encontró en 2005, siendo un perfecto desconocido para la mayoría del ambiente, invitándolo a jugar un torneo donde el final llega si caes tres veces seguidas.
Pero la humildad de sus canas le permitieron imponerse al resultadismo extremo, fue cimentando una obra digna del aplauso, que fundamentó en cualquier cancha con vocación ofensiva. Sobrecargó de confianza a su plantel y los llenó de protagonismo.
“ Pibe, a usted no lo dejo ir ni en pedo “, sentenció el entrenador cuando Diego Valeri le confesó su deseo de abandonar Lanús. Meses más tarde, el volante junto a Sand, Pelletieri, Acosta, Bossio, Blanco y compañía ratificaban su gloria con un campeonato.
Nunca se alineó en las filas del vedettismo, y después de un centenar de juegos dijo basta.
Desde ahora será coordinador del fútbol granate, donde seguirá enseñando, tratando de que su doctrina siga por el mismo curso, acompañado por una dirigencia que hasta el momento, demostró que los proyectos sí existen.
Pido desde acá por muchos Cabreros más, que no sea una moda, y que se instalen definitivamente en el fútbol argentino.
Luis Zubeldía intenta ser el pionero, ojalá no sea el único.
|