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Premios y castigos
El fútbol tiene cosas extrañas. Algunas son directamente inentendibles.
El último domingo Racing puso punto final al sufrimiento de meses que le “regaló” a sus golpeados hinchas. Un sufrimiento no solicitado pero aceptado. Un sufrimiento que terminó cuando le ganó al mezquino Belgrano en su cancha y por la mínima diferencia, después de haber penado frente a un equipo de una categoría menor que lo arrinconó y le hizo pasar varios momentos delicados en su propia casa.
Más allá de todo, el conjunto de LLop, ganó y zafó de jugar en la próxima temporada en el torneo de la B Nacional.
 Y en medio de las voces de alegría que invadían el vestuario se escuchó el reclamo del plantel para cobrar premios…POR EVITAR EL DESCENSO.
La verdad resulta increíble. Los mismos jugadores que cosecharon apenas 15 puntos en 19 fechas, los mismos que llevaron al club a la situación extrema de estar a dos goles de jugar los sábados, son los que reclaman premios por quedarse en la elite de nuestro fútbol. ¿Merecen llevarse una recompensa después de semejante torneo?.
La pregunta surge con naturalidad y como respuesta deberían encontrar un NO rotundo, pero el fútbol es el arte de lo impensado, inclusive de pretender cobrar un extra por haber jugado mal 20 partidos y solamente uno bien.
La continuidad de Sanguinetti, ¿convicción o necedad de Gisande?

 

 

El Presidente de Gimnasia quedó prácticamente solo sosteniendo la figura de un muy buen tipo que todavía no pudo convencer a los mismos que lo idolatraron como defensor, de ser un muy buen director técnico.

En plena tormenta feroz, con una migaja de puntos conseguidos, jugando a los tumbos y cosechando únicamente hartazgo de la mayoría del pueblo tripero, el “Topo” mantiene su cargo sólo por la decisión tan polémica y resistida como firme , del hombre que lo eligió como principal estandarte de su plataforma electoral.

Gisande se presentó como candidato a presidente del Lobo prometiendo que, si los socios lo apoyaban con el voto, un histórico del club, serio, responsable e inobjetablemente identificado con la idiosincrasia mens sana, como encarna Guillermo Sanguinetti, sería el conductor del equipo que no logra interrumpir su sufrimiento.

Gisande ganó y cumplió: El “Topo” llegó al poder y, es justo remarcarlo, la mayoría creyó que podía remontar este barrilete tan pesado.

Los resultados fueron doliendo como bofetadas, Gimnasia jamás pudo acomodarse y el final del torneo lo encontró tirado en una posición sumamente delicada. El presente duele y el futuro, por ahora, se adivina como un túnel oscuro…

¿Por qué Gisande no le pide a Sanguinetti la renuncia que el mismo “Topo” ofreció después del clásico?, ¿por qué no escuchar el ruego y la queja de los que son más?, ¿Realmente cree que con los refuerzos por llegar la cosa va a ser distinta?, ¿Es capricho, necedad o un rasgo de soberbia?, ¿O acaso es puro y genuino convencimiento sobre las cualidades conductivas de un hombre que aprecia de verdad hasta por personalidades similares?

Los hinchas reclaman un cambio de técnico, muchos directivos también, pero el que manda, y esto no es verso, ha resuelto bancarlo hasta las últimas consecuencias.

El tiempo sacará la foto de su tremendo acierto o de su vaticinada frustración. Mientras tanto, el Gimnasia de oficinas y café debate si el “Gato” Sessa es o no un traidor a la causa azul y blanca.

Una despedida no querida

"El Cabrerismo" es una tendencia poco explotada todavía en este fútbol caníbal que nos reina.

Ramón Cabrero se despidió del banco de Lanús, lugar que lo encontró en 2005, siendo un perfecto desconocido para la mayoría del ambiente, invitándolo a jugar un torneo donde el final llega si caes tres veces seguidas.

Pero la humildad de sus canas le permitieron imponerse al resultadismo extremo, fue cimentando una obra digna del aplauso, que fundamentó en cualquier cancha con vocación ofensiva. Sobrecargó de confianza a su plantel y los llenó de protagonismo.

“ Pibe, a usted no lo dejo ir ni en pedo “, sentenció el entrenador cuando Diego Valeri le confesó su deseo de abandonar Lanús. Meses más tarde, el volante junto a Sand, Pelletieri, Acosta, Bossio, Blanco y compañía ratificaban su gloria con un campeonato.

Nunca se alineó en las filas del vedettismo, y después de un centenar de juegos dijo basta.

Desde ahora será coordinador del fútbol granate, donde seguirá enseñando, tratando de que su doctrina siga por el mismo curso, acompañado por una dirigencia que hasta el momento, demostró que los proyectos sí existen.

Pido desde acá por muchos Cabreros más, que no sea una moda, y que se instalen definitivamente en el fútbol argentino.

Luis Zubeldía intenta ser el pionero, ojalá no sea el único.

Da envidia

 

¡Qué bárbaro lo de Boca!. La Libertadores parece estar hecha a su medida. El elenco que dirige el menos famoso de los Carlos que el club tuvo en su última etapa triunfal, consiguió que nos acostumbremos a que los equipos puedan ganar con naturalidad y solvencia en terrenos habitualmente esquivos para la suerte de los equipos de nuestro país.

El primer tiempo del cotejo frente a Atlas fue perfecto: sabía que necesitaba goles para acceder a semifinales, los fue a buscar y los consiguió; manejó el cotejo a su antojo y hasta se dio el lujo de regular energías debido a las altas temperaturas.

Para sacarse el sombrero fue lo del castigado Dátolo, para aplaudir de pie lo de Sebastián Battaglia que se banco a todos los rivales solito en la mitad de la cancha durante todo el certamen, para rendirle un homenaje es cada pique de Palacio para desarmar a cualquier defensa por más solvente que parezca, pero el mayor reconocimiento deberá llevárselo ese gigantesco goleador llamado MARTIN PALERMO.

Boca tiene algo que no se bien qué es. Mucho hablamos en nuestra ciudad de la mística de Estudiantes  y creo que el equipo de Ischia le sacó un cuerpo de ventaja. Definió varios partidos en zona de milagro y se postuló, después de la victoria en México, como el máximo candidato a quedarse con la Copa Libertadores.

 

 

Punto y Banca

Tan claro es que en los clásicos no hay leyes escritas de antemano como que Estudiantes llega al del sábado próximo como banca y Gimnasia como punto. La tabla y las recientes actuaciones, amén de la eliminación del Pincha en la Copa, describen tal panorama. Sin embargo, el mundo futbolero trata de soslayar esta situación en cualquier cruce, sea o no un enfrentamiento entre históricos rivales. Está lleno de equipos de primera línea que a la hora de enfrentar en plena pretemporada a un conjunto de pueblerinos del medio de las sierras que, al menos hacia afuera, hablan de "respetar al rival".

   Es que, al revés que en el casino, en el fútbol ser banca es incómodo. Hay que tener jerarquía de sobra para bancarlo y ser taura para bancarse la que venga si la taba se da vuelta en 90 minutos, cosa que la historia ha repetido en unas cuantas oportunidades. En cambio, el punto juega con el paraguas protector del "qué querés que haga" y un hipotético triunfo suyo se dimensionará hasta el alcance de una hazaña.

   En la trayectoria del Lobo vs. Pincha o viceversa hay varios botones de muestra. Gimnasia tiene fresco aquel 4 a 1 en el Bosque ante el pretencioso Estudiantes de Merlo (pretencioso porque iba arriba, ojo, eh) y hurgueteando un poco más atrás podemos dar con aquel 1 a 0 con gol de Montagnoli a poco del final en 1.976 y en la casa de su vecino. Estudiantes, por su parte, aparece ganador en campo tripero en el 62, cuando andaba para la mona mientras nacía el Lobo que hizo historia. Y también le amargó la fiesta al equipo de Timoteo cuando lo venció 1 a 0 en el 97 con un puntinazo de Azconzábal que continuó la leyenda de "equipo no perdedor de clásicos" cuando lo dirigía el Profe Córdoba.

   Lo que no debe escaparse es que, generalmente ganó el mejor. El Pincha del 67 cerró su campaña antes de las semifinales que lo depositaron en su primer título con un 3 a 0. Y una ño más tarde se dio el lujo de meter 6 en el Bosque. Gimnasia, con el Viejo Griguol, le dio un baile de novela en el 98.

¿Qué pasará esta vez? ¿De cuál clásico se acuerdan?