Estudiantes no puede salir de su bajón. No consigue reencontrarse con su fútbol. Y no puede ganar. Ya son siete los partidos sin victorias, situación que no hace cosa que dejar en la superficie un tramo flojo del año, que comenzó incluso antes de ser campeón pero que empeoró luego de la vuelta olímpica. Ayer empató 0-0 como local ante Unión, un resultado que sólo le sirve como puesta a punto de cara a lo que viene en el torneo. El problema que está en escena es que tendrá que cambiar mucho para que de acá al 21 de diciembre no siga transitando por este camino sin objetivos ni rebeldía.
En el primer tiempo Estudiantes volvió a ser el equipo de las últimas fechas del final del primer semestre: desconectado entre sus líneas, impreciso y sin ideas de cómo generar una situación de gol al arco de enfrente. Por momentos hasta pareció un equipo sin trabajo porque muchas veces los jugadores equivocaron el pase o quien tenía que ir a buscar se quedaba parado. Esa conexión sólo se logra entrenando y este plantel tuvo un largo receso y un pronto comienzo de actividad.
Le costó en los primeros 45 minutos generar algo que se pareciera a una situación de gol. Al minuto Tiago Palacios probó desde afuera y obligó a Thiago Cardozo a dos movimientos para hacerse de la pelota. Fue una buena jugada colectiva que tuvo varios pases y una buena finalización. Fue un inicio que prometió otra cosa que, claramente, no sucedió porque nunca más el Pincha rompió a esa línea de cinco defensores que le propuso el rival.
Cetré estuvo peleado con la pelota por la izquierda, Mancuso nunca llegó bien al fondo por la derecha y por el centro Tiago Palacios tuvo buenas intenciones y poco más. Apenas un cabezazo de Lollo que dio en la espalda de Corvalán y oro del colombiano que no llevó problema pese a la buena posición que ocupaba por el segundo palo.
Por el contrario las pocas veces que Unión se animó a atacar de contragolpe avisó que tenía algo como para lastimar. Las espaldas de Rodríguez y Lollo, con los laterales en ofensiva, fueron un problema. Dos veces salvó Mansilla, saliendo rápido a achicar, aunque la primera de ellas dio la sensación que se apuró pero igual le salió bien. A Simón Rivero le sacó un remate que tenía destino de gol.
Lo mejor de ese primer tiempo fue el estreno de Gabriel Neves, de correctísimo pase y buena dinámica. Puede ser titular tranquilamente y quien logre hacer disimular la ausencia de Enzo Pérez. En un contexto tan gris y frío, buenas cartas de presentación para el exIndependiente, que además mostró que puede y sabe recuperar la pelota.
El complemento empezó igual al primero. Estudiantes con una tenencia sin sentido de la pelota y tibieza para tomar la iniciativa: expuso una imagen que se viene repitiendo, con un nivel del que no puede despegarse.
Otra vez le costó encontrar ese jugador que decida cómo, dónde y de qué manera buscar el arco de enfrente. No fue Piatti, tampoco Palacios ni los laterales. El juego quedó a merced de acertar alguna acumulación de pases o que el rival se equivocara en algún cruce. Para colmo nunca pudo con pases profundos porque generalmente fueron más largos o cortos. Y cuando hizo las cosas bien, como a los 15 minutos se encontrón con el arquero, que le ahogó el grito a Guido Carrillo por el segundo palo.
A partir de ese momento el partido se empezó a romper. Fue el momento de buscar acelerar y soltar más gente para el ataque. De alguna manera se buscó jugar más cerca del aérea de Cardozo, abriendo la cancha y buscando el centro salvador. Pero todos, absolutamente todos en ese tramo del partido fueron mal ejecutados. Tampoco aprovechó alguna segunda jugada.
Para los 25 minutos el Kily González se enamoró tanto del punto que hizo que sus jugadores demoraran el juego todo lo posible. Y también con los cambios hizo lo posible para que el reloj pasara lo más rápido posible mientras se jugaba poco y nada.
En el final el Pincha aceleró un poco. Adentro Sosa y Manyoma para darle oxígeno al mediocampo. Y un paso más adelante el colombiano Cetré. Con ganas, con la fórmula de siempre y empujado por su gente quiso buscar el gol pero la defensa de Unión, sus propias limitaciones y Hernán Mastrángelo se lo impidieron.
No le quedó mucho más en el banco de suplentes a Eduardo Domínguez, que otra vez prefirió no exponer a los juveniles. Y lentamente la ilusión de conseguir los tres puntos se fue apagando, al punto que desde las tribunas empezaron a pedirles a los jugadores ganar el próximo domingo en el clásico, como si no importase lo que pasaba ayer. Poco importó el cero en la fría tarde en UNO: la cabeza está en otro lado.
Nota publicada originalmente en: https://www.eldia.com/nota/2024-7-22-2-8-42-sin-chispa-ni-sorpresa-un-empate-con-sabor-a-poco-deportes
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